Hola, soy  S. S. S. y  quiero  hablar  con  ustedes !

 

Queridos amigos:

          Si bien nunca me di a conocer bajo esta forma, permítanme hoy sorprenderlos usando mi nombre de fantasía, y ocupando  algunos minutos en la vida de cada uno.  Efectivamente soy S.S.S., y quiero presentarme como un amigo confiable y permanente, que  sólo  piensa en el bien de todos ustedes.  ¿Suena bien, no?  A  esta  altura  es posible que esta introducción  pueda  parecerles  una  broma  o  un juego, pero por favor créanme que no lo es.

          Para ir dejando de lado el misterio (y antes  de  que  me tiren a un canasto hecho un bollo),  convengamos  en  que  pudiendo haber muchas interpretaciones de S.S.S. hay una muy  especial,  que suele ser “Su Seguro Servidor”.  Y exactamente eso  soy  yo.   ¿Por qué?  Porque -y aquí me  saco  la  careta-  también  soy  conocido, técnica y funcionalmente, como “Beca XV”, el Fondo. 

          Desde hace tiempo la mayoría de ustedes ha oído hablar de mí, y bien saben que soy un incondicional hincha de este equipo.

       Si bien fui creado y empecé a serles útil muchos  años  antes,  una muy clara y completa nota distribuida en 1997,  titulada  Beca  XV,  terminó de presentarme en sociedad.

          En ella se explicaba  el  motivo  de  mi  existencia,  la mecánica de mi funcionamiento y crecimiento, el nombre y función de los cinco laburantes de base que me administran, y  la  orientación general.  Si alguno no la  recuerda  o  no  la  tiene  o  nunca  la recibió, que la pida y se le dará.

          Muchachos: después de tanto  tiempo  he  llegado a la conclusión de que ustedes son unos tipos macanudos. Soy amigo de todos y siento que soy  uno  más  del  grupo. Realmente,  les pertenezco. Me alegra verlos reunirse periódicamente, mes por mes, año tras año, encarando cosas juntos, ayudándose y buscando acercar gente “perdida”.

          Observo que los encuentros son cada vez  más  nutridos  y los abrazos más ruidosos, y eso es bueno. Con frecuencia veo que aparecen caras “nuevas”, y eso es mejor.  Paradójicamente, a  pesar de las lamentables y numerosas bajas ya ocurridas  (¡que  Dios  los tenga en su gloria!) veo que cada vez son más.

          Esta respuesta es fruto del permanente trabajo de unión y búsqueda y de la bondad de estas  reuniones,  que  destilan  buenos recuerdos, años de vivencias compartidas y enorme compañerismo.  

          Valen la pena el esfuerzo y el tiempo dedicados  por  los  que las impulsan.  Ahora mismo, este simpático proyecto ya avanzado  de escribir un libro, los muestra con ganas y  capacidad  de  hacer  algo más entre todos.  Idea  trabajosa  pero  excelente.   No  será  fácil completarlo, pero ya empezó.

          Anímense a encontrar entre sus  recuerdos  las  anécdotas más sabrosas que merezcan ser escritas y compartidas.   Si ya  hubo cuatro kamikazes que se largaron, y como les salió les salió,  ¿por qué no otros?   Vamos muchachos,  métanle  a  los  papeles  que  el tiempo se les viene encima. 

          Indudablemente la esencia de esta actitud está en la sana y fuerte amistad que los vincula, forjada hace casi medio  siglo  y robustecida con  el  temple  indestructible  del  tiempo  y  de  la lealtad.

          Todo esto sucedido en una  muy  importante  etapa  de  la vida, de crecimiento y  de  afirmación,  en  la  que  durante  años compartieron todos los minutos de cada día (con  todo lo que eso significa) y que los marcó para siempre!!   Trasladado a hoy, no me sorprende oír que la mitad  de  sus  conversaciones  comiencen  con  ¿Te acordás de.....?

          No me sorprende encontrarlos  a  menudo  en  un  griterío infernal, a veces más ruidoso que el comedor de “aquellos años”. No me sorprende ver que de vez en cuando, como antes, vuele un pan! No me sorprende enterarme de que frecuentemente los que  no  pueden venir porque “están por el  mundo”, de alguna forma dan su “Presente”. ¡Qué maravilla muchachos, es emocionante verlos!  ¡Por favor, prométanme no aflojar nunca!         

          Mucho se ha dicho  y  oído  sobre  el  por  qué  de  esta fenomenal unión.  Si bien yo era muy chico -nací en marzo de 1984- recuerdo bien  unos  versos  llamados  “Cuando”, escritos por un pingüino poético y sensible, que cada día tienen más vigencia. 

          Aunque sólo soy un fondo, permítanme expresarme  como  si realmente fuera uno de ustedes; les aseguro que yo también tengo mi corazoncito.  Recuerdo con enorme agrado las palabras  pronunciadas por Chacho Lanosa, cuando en la reunión en el Liceo en noviembre del 97, entre otras profundas apreciaciones acertadas referidas a “aquellos años mágicos”, y a la relación actual entre ustedes, dijo algo así como “Esta pertenencia es un privilegio...”. Qué bien definido, no?

          También siento emoción y un inmenso respeto al recordar la maravillosa carta enviada por Armando Piratte,  ya  radicado  en España, y que fue leída esa misma noche.

          Creo que no sería fácil expresar  de  mejor  forma  la síntesis que explica nuestra relación.  Su letra ya era  vacilante, pero su mensaje, bien firme. ¡Qué  riqueza  expresiva! ¡Qué claridad conceptual!  ¡Qué oportuno el momento!  (sólo tres  meses después hizo  su  viaje  final...). Esas palabras tuvieron la profundidad y la altura propias de su autor. A propósito les contaré algo, que seguramente pocos de ustedes recordarán.

          Era un viernes  de  invierno  de  1985, frío, lluvioso, realmente incómodo; como siempre, unos cuantos  reunidos, todavía en aquella vieja casa de Mario Bravo. Recuerdo que fue un cirujano alto y gritón, quien con su característica timidez vociferó la pregunta de  “¿Cómo se explica que en un día así dejemos nuestras cosas y vengamos aquí a vernos las caras?”

          Se oyeron respuestas de todo calibre, desde sesudas explicaciones hasta pavadas estratosféricas, estas últimas a cargo de dos conocidos especialistas en el género (Héctor N. y Héctor Q.). El gordo Piratte, hasta ese momento callado y observador, con su voz gutural dijo: “Muchachos, yo  creo  que  nos  gusta  reunirnos porque aunque no nos demos cuenta cada vez nos necesitamos más”. 

          Como diría Sarasola, “Touché”. Calaron tan hondo sus palabras que se terminó la  discusión. ¿Visionario? ¿Profeta? No sé. Pero acertado, sí. Han pasado dieciséis años, han  cambiado mucho las cosas (y no todas para mejor), y nadie en su sano juicio podría hoy negarle validez a esa expresión.                                           

          Amigos míos: toda  esta  enorme introducción, que poco agrega a lo que todos conocen y sienten, apunta a refrescar el tema y a movilizar en cada  uno  de  ustedes  la  más  clara  conciencia solidaria que sea posible.  Sólo por ese motivo yo, el  Fondo  Beca XV, existo e intervengo. No es otra mi finalidad. 

          Vamos a ser bien claros. Inicialmente -marzo de  1984- fui creado por obra de las circunstancias, por la idea de unos de atenuar algunos problemas de otros, y con los  aportes concretos, con ese fin, de muchos  de  ustedes. Naturalmente esto requirió esfuerzos, de organización y de gestión, y financiero. Se hizo.

          Intervine ayudando en  momentos  difíciles  (queda  entre nosotros; que nadie lo interprete como  una  indiscreción)  en  los casos de de Olazábal, Garde, Piratte y Braña.  En cada caso se hizo lo necesario o lo que se pudo, y bien que sirvió. 

          Cuatro situaciones tristes; gente que ya no está. Paralelamente, en circunstancias distintas y con otra modalidad, también he ayudado a otros, que por suerte seguimos viendo  con  frecuencia y están agradecidos, porque también les fui útil. 

          Ustedes ya conocen cómo voy formándome (ver nota  Beca XV de noviembre/97). En los momentos más complicados hubo buen apoyo y respuesta. También mensualmente hay un pequeño ingreso,  que  se arma solo. Muchas veces recibí aportes  agregados  de  algunos  de ustedes, pequeños pero continuos.

          Les cuento que durante las campañas  pro ayuda  a  los cuatro recién mencionados, cada  una  en  su  momento, además del aporte financiero, hubo numerosas expresiones verbales  y  escritas de total apoyo, realmente gratificantes, que aún conservo. 

          En particular me agrada releer  cada  tanto  una  tarjeta personal de alguien (q.e.p.d.) que  fue  un  activo  y  desprendido colaborador de Beca XV, con una breve y ejemplar leyenda: “Estoy muy  ORGULLOSO de nuestra camada.  Héctor Nieto.  10/12/96”.   Y yo estoy orgulloso de él, aunque nunca se lo dije.   Guardaré  siempre esta tarjeta;  me hace bien leerla.

          Aunque esta carta ya va extendiéndose más de lo aconsejable, y a riesgo de ser criticado, no quiero dejar  de  enriquecerla incluyendo, para que todos lo conozcan, el pensamiento de otro de ustedes, un escribano ameno y capicúa, cuya carta del 9/05/97 transcribo textualmente:

          “Mi querido Beca XV:  Aquí va mi aporte para nuestro amigo Garde. Sólo puedo decirte que me considero privilegiado  por poder estar en esto.  Estamos atendiendo  una  relación  que  nació hace cuarenta y cuatro años!!! ¿Qué nos hicieron esos años para que naturalmente estemos donde somos  necesarios el uno para el otro?”

          “La verdad, no estoy muy seguro. Sí sé que, como hicimos con la familia de Fernando (de Olazábal), silenciosa, cuidadosa y solidariamente siempre atenderemos a lo que nos pase y a lo que necesitemos en el momento en que sea preciso.”

          “Mi viejo Fondo:  parecería que lo que  vale,  por  hacer algo nacido de la camaradería y de la amistad es, en definitiva, la absoluta convicción de que se hace lo que  se  debe  y  lo  que  se quiere, y que se quiere por lealtad y por amor.”  

          Y termina diciendo:   “¿No  deberíamos  hacer  esto  para otras  cosas?   ¿Por qué  no institucionalizar  estos aportes  para ayudar a los que necesitan, de nosotros?  No sé cuáles cosas.  Tampoco sé cómo debería decidirse el destino de lo que  se  recaudara.

Es algo para pensarlo.”   (firma y concluye).

          Bueno, no hay nada que agregar.  También estoy  orgulloso de esta carta, que  conservaré  como  propia  para  siempre;  ¿será porque coincido con ella hasta la médula?    Indudablemente lo  que queremos hacer es,  en  todo  orden,  una  respuesta  a  esta  sana inquietud. Como diría Piratte, perdonen la perorata, pero éste es el momento de compartir con todos este pensamiento tan equilibrado. 

          En oportunidades muy distintas y separadas en  el  tiempo hubo dos donaciones mayúsculas.  El responsable de una de ellas es, desde siempre, además de un gran corazón, un asiduo  concurrente. El otro ya nos dejó.   Se llamaba Norberto, le  decían “el Alemán”, y su aporte, decidido en vida  y  con  toda  lucidez,  se  concretó post mortem.   ¡Qué gran gesto ¿no?!    ¡Qué mensaje de  esperanza! No podemos defraudar semejante confianza. 

          Resumiendo, sobran los ejemplos.   Como dice un  conocido mío compañero de ustedes:  “Si en esta vida no nos ayudamos,  ¿para qué vivimos?”   No se cansen de ayudar.   No se cansen  de  dar  un afecto, una palabra o un peso; lo que sea necesario.  Reconozco que ustedes han hecho mucho por mí, pero, en función de  otro  objetivo común, se justifica que todos intentemos algo más.

          Entonces -y ésta es la nueva idea-  me mueve la inquietud de ampliar la posibilidad de ayuda, siempre en la medida de lo  posible y en forma a convenir, apuntando a todo aquél que  hoy  pueda necesitarla, sin necesidad de estar en una situación de  enfermedad o de imposibilidad  extremas.   Es  decir,  anticipemos  un  atisbo de solución a quien, asumiendo la responsabilidad, crea  que  pueda servirle.

          Sé que esta iniciativa y todo lo que ella  implica  podrá no contar con el  consenso  total.   Quizá  también  alguien  pueda llegar a pensar:  ¿Para qué meterse en problemas?    Aún así y  por todo  lo  anterior  creo  que  se justifica que lo intentemos, y sé muy bien (aunque sólo  soy  un fondo) que el  único  método  seguro para no cometer errores es no hacer nada.

          Respeto la opinión de todos,  por  supuesto,  (mucho  más

teniendo en cuenta que de ustedes dependo), y cualquiera, con  todo derecho y buen criterio  podrá  disentir,  haciendo  o  sin  hacer, diciendo o sin decir. 

          Por si hace  falta  explicar más mi determinación  les cuento otra, cortita. Hace unos años, en  un viernes de tantos, estaba trabajándose el tema de la solidaridad. De  pronto  le  oí decir a un médico gordo, buenazo y espontáneo:  “Yo no tengo herma- nos;  mis hermanos son ustedes.”  ¡Qué tal!!  Casi nada,  ¿no?

          Estas palabras no requieren ninguna  explicación  adicional; son una muestra inequívoca de  sentimiento  puro.   A  mí,  un simple fondo, me produjeron el  efecto  de  un  removedor.   Quiero pensar que no soy el único. 

          Por otra parte  no  hace  falta  crear  el  problema;  ya existe y lo conocemos.  Me consta que hay quienes tienen dificultad para venir a las reuniones, y lo que les falta no es tiempo,  junto con el desánimo que esa situación suele  incluir. Podemos  pensar que, dada la situación en nuestro  país,  muy  probablemente  habrá entre ustedes necesidades mayores.

          Podrá haber gente sin trabajo y que  lo  necesita;  podrá haber quien tenga una temporaria dificultad financiera; podrá haber complicaciones sorpresivas de toda índole; podrá haber alguien  que se sienta muy deprimido;  podrá haber...  podrá haber ...  

          Además creo que ya están  en  edad  de  aceptar  que  las enfermedades u otras dificultades no piden  permiso;  llegan  y  se instalan, y a partir de ahí, “agua y ajo”, y a vivir con ellas.   Como sea, concuerdo absolutamente con aquellas sabias palabras  del gordo Piratte:  “...Creo que aunque no nos demos cuenta,  cada  vez nos necesitamos más”.

          Muchachos, si alguno no está de acuerdo con  el  espíritu de todo lo dicho hasta aquí -que no es poco- no es necesario  que a partir de este punto siga leyendo esta carta.   Para los que sí, continuamos. Pretendo las cosas muy claras; que interpreten  mi actitud como bien realista y que quiero ayudarlos. Quiero ayudarlos más; quiero ayudarlos hoy! Siento la necesidad de hacerlo y asumo el compromiso. Es un desafío que entre todos sabremos resolver.

          ¡Qué notable! ¿Se dan cuenta de que estoy tan embalado que hasta me confundo y hablo como si fuera uno de ustedes?  Bueno, sigamos así. Ya puestos de acuerdo, una vez más tendrá que ser un trabajo en común.

          Ahora, hay un pequeño detalle. Todo lo que estoy diciéndoles parece fácil; vivan las buenas intenciones! Pero me doy cuenta de que a la hora de hacer hay que poder, y, como  están hoy las cosas, a mí solo no me  da el cuero. Indefectiblemente necesito refuerzos.

          Disculpen y acepten mi limitación; soy valiente pero no loco. Debo pisar en firme. Me doy cuenta de que no puedo ofrecer lo que no tengo, y hoy mis arcas apenas alcanzan para arrancar con este plan.

          Y aquí llegamos al punto incómodo pero  inevitable. Los necesito, muchachos;  está muy claro que sin ustedes no soy nada. La única forma en que yo pueda ayudarlos es recibiendo antes un re- fuerzo de ustedes mismos, vale decir, sus aportes voluntarios. 

          Para ello apelo a todo lo expuesto, a la tremenda riqueza de sus sentimientos y al espíritu vivo -”la magia”- que los convoca. Les pido que cada uno haga de cuenta que esta  carta es única y nominada, o que es una conversación personal como tuvimos otras veces, ¿recuerdan? 

          Sé que es época de vacas flacas y que el momento no es el más oportuno.  Sé que no será fácil incorporar un nuevo gasto en el presupuesto de ustedes, aunque sea por única vez o  como  cada  uno resuelva. Los tiempos actuales han empobrecido  las  economías  de todos o de la mayoría, o por lo menos las han dificultado.

          Pero la propuesta es  clara:  Tomar  con  responsabilidad cuando se necesita y dar con amor cuando se  puede. No la dejen pasar, muchachos. Permítanme una metáfora:  Creo que,  como  dijo nuestro querido notario  en su carta,  “cuando se hace  lo  que  se debe”, aún  costando,  podemos forzar en alguna medida la  perinola de la vida, haciendo que nadie pierda y todos ganen, además  de  la satisfacción espiritual, y creo que estamos en un momento así.

          Si no pueden colaborar con mucho háganlo  con  poco,  que será mucho más que  nada.   Podría  molestarles  que  yo  sugiriera cifras, y por eso no lo hago.   Soy consciente de que  no  hay  dos situaciones ni posibilidades iguales. La amplitud es total, por supuesto, como siempre lo fue. También es total el pedido  de que intervengan, y con lo máximo posible.   Como están las cosas, hoy nos toca arrimar el hombro.

          Apunto a que  pueda  alcanzarse  un  piso  razonable  que permita  movernos  con  esta nueva modalidad. Tal vez lo que no puedan hacer hoy o todo junto, puedan hacerlo desde  el mes próximo y en partes. Toda cantidad y de cualquier manera será bienvenida y agradecida.   Cada uno decidirá su participación. 

          Al que queriendo hacerlo no pueda  aportar  nada,  perdón por la incomodidad que sin querer le produzco, y gracias por la intención, por el tiempo dedicado y por  la  honestidad  de  su respuesta. 

          Como siempre, trataré de manejar este asunto con seriedad y prolijidad, como si supiera. Ante esta  nueva  campaña  con  un objetivo novedoso, la tripulación completa, cada uno en su función, ocupa sus posiciones de combate.   

          La idea es que esta carta llegue a todos, personalmente o por correo, cualquiera sea su ubicación en la  Tierra. Para ello Orlando Iuorio, ese motor de empuje, insigne colorado de los infinitos e infatigables llamados, y el  histórico  Manucho  Olascoaga, viejo sabueso cibernético con su penetrante e-mail, harán toda la cobertura comunicacional que  sea necesario agregar para llegar hasta el último confín. Puestos de acuerdo son  cosa seria. No hay escondite ni lejanía capaces de resistir tan pertinaz esfuerzo de búsqueda y acceso.  

          Por una cuestión  de  orden  les  ruego  centralizar  los aportes,  cualquiera  sea  la forma, en Miguel Ángel Fernández de Bobadilla, gallego laburador, (4773-6511), dirigiéndolos a él  como habitual recaudador de este tema.   Osvaldo  Manzo  y  Luis  Moreno (éstos sí gente seria y confiable) darán, como  siempre,  el  apoyo técnico que se requiera.

          Y ya es hora de que terminemos. Gracias amigos, gracias por permitirme ayudarlos.   En el difícil  mundo  en  que  vivimos, gracias por compartir esta idea y por la colaboración que permitirá llevarla adelante. Creo que el espíritu está  tan vivo como siempre. Recuerden: hoy, más que siempre, todos para  uno y uno para todos.

 

          Sinceramente, los espero.  Hasta muy pronto, 

                         

                                     S.S.S.!

                              

                                  Beca XV, el Fondo.

                               (7 de septiembre de 2001)